En dos ocasiones hace pocos meses, fui a Bellvitge al hospital y regresé mas bien tarde, anochecía, me sentía cansado. Bajé del tren confundido entre la muchedumbre. Esperé un poco que todos los viajeros salieran, ya que a pesar de ser una estación grande la inmensa cantidad de viajeros, el tren estaba abarrotado, creaban un efecto embudo. Caminar me costaba cierto esfuerzo y recordé que si me concentraba en mis piernas y andaba sin pensar, apenas notaba cansancio, así fue la marcha, deje de ir por la rambla ya que llevaba 100 gramos de hachís que acababa de comprar y no deseaba "sustos", en la rambla a veces estaba un coche Z de patrulla de los mozos de escuadra. Caminaba por una calle también muy concurrida y bien iluminada, llena de comercios. Serian las 8 de la tarde del mes de enero. Mientras subía por la calle estaba inmerso y confundido entre los cientos de personas que iban y venían. Llegue a casa sin darme cuenta, sin cansarme. Es posible haya escrito sobre el tema. Quiero aquí remarcar que cuando nos ponemos a hacer algo sin propósito de no esperar nada a cambio, de no pensar en lo que hacemos, esta tarea se vuelve áspera. Sin embargo si aplicamos la propiocepción a las piernas, a encontrar la velocidad que nos pide el cuerpo ocurre el milagro, avanzar sin apenas notar cansancio.
Es un estado mental que busca identificarse con las piernas, con el acto de andar, moverse. Andar de una manera intencionada. Esto tengo que experimentarlo más para poder explicarme mejor.
Deambulan por los pasillos con pasos cortos, arrastrados. Las mentes confundidas y anuladas en algunos casos por "medicamentos" castrantes. Entiendo por lo que he visto que en algunos casos la medicación es necesaria y es la diferencia entre estar bien y estar muy agitado. Pero que a todos se les da "algo" por protocolo, es mi queja.
- "Quiero aquí remarcar que cuando hacemos algo en piloto automático, pensando en mil problemas pero desconectados de lo que hace el cuerpo, la tarea se vuelve áspera y pesada. Sin embargo, si aplicamos la propiocepción a las piernas —escuchando el movimiento y encontrando la velocidad exacta que nos pide el organismo— ocurre el milagro: la mente se calla y avanzamos sin apenas notar el cansancio."
Es necesario entender este punto y me encuentro con dificultades. Una mente ZEN ya he comentado sobre ello, no debería estar siempre en estado meditativo, hacer esto es romper una dinámica de miles de años. Como don Juan decía por medio de Carlos Castañeda, debe existir un tiempo para cada estado de la mente. Un tiempo para el tonal y un tiempo para el nagual. Es decir un tiempo para la contemplación y el silencio y un tiempo para la vorágine de estímulos de este tiempo moderno. Encontrarlo es tarea del aprendiz y del mismo brujo.
- El equilibrio entre el Tonal y el Nagual
- El Tonal (Mundo cotidiano): Representa la razón, el orden, las reglas sociales, los comercios, el transporte y el cuidado (como evitar el coche Z). Es la mente analítica necesaria para sobrevivir en la urbe moderna.
- El Nagual (Mundo espiritual/perceptivo): Es el silencio interior, la energía pura, la intuición y la conexión propioceptiva donde el tiempo y el cansancio se diluyen.
- El error del Zen mal entendido: Intentar vivir permanentemente en un estado meditativo o en el Nagual inhabilita a la persona para interactuar con la realidad. Provoca una desconexión peligrosa y disfuncional.
- El arte del acecho: Consiste precisamente en saber transitar entre ambos mundos. Usar el Tonal para moverte por la calle con seguridad, pero activar el Nagual (la propiocepción) para que el cuerpo actúe de forma impecable y sin desgaste