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lunes, 30 de octubre de 2017

Extraña noche de octubre


  Alejo Carpentier fue capaz de escribir prosa musical; la música más barroca concebible y la más mágicamente anclada en la tierra. Desde la Consagración de la primavera a los brujos negros, a las negras con el culo como sillares de monta. A esa Cuba donde se mudó tras nacer en Suiza en 1904. En Los pasos perdidos, el protagonista nos lleva en un viaje por la selva, un adentramiento iniciático cuya meta es encontrar el origen de la música en viejos instrumentos y formas de habla. En la selva escuchamos todos los sonidos de la naturaleza a medida que el personaje se integra paulatinamente a este mundo, y se relaciona con los habitantes, aunque finalmente esta integración resulta bastante superficial.

Existe en la parte baja del montecito que ofrecía años pretéritos la visión de la costa. Un merendero equipado con mesas de madera, bancos de madera en forma de travesaños para sentarse a la mesa.  Los arboles a no más de dos metros, una fuente con agua, papeleras y cierto orden arquitectónico, apoyado por la presencia de una pared que separa en tres zonas, la existencia de tres pares de mesas. Da al lugar la apariencia deseada de una zona conquistada al ocio. Que pronto será engalanada con cintas de colores, chuches se esparcirán por las quemadas maderas. Globos engarzados en las cuerdas bailaran con las banderitas de cumpleaños, al son de los 4 vientos. El sonido de los motores de coches o motos; las puertas que se abren y cierran, el correteo de niños y sus gritos. La prestancia de los padres en desplegar entre los árboles, contra el viento y el olvido de chinchetas o cinta adhesiva, todas y cada una de aquellas filas de banderines. Y los globos pacientemente hinchados se alzan según la destreza y los medios, que hayan previsto los padres. Que los abuelos criticarán y los hijos nietos aplaudirán. Con las manos y bocas llenas de nubes y chuches. Se consumen pizzas y pasteles de mercadona. Otros consumen pizzas de Tele Pizza, mucha coca cola y red Bull. Y cervezas y cavas.

Más tarde vendrán los consumidores de todas las formas de cannabis. Camino entre los restos de la fiesta ritual. Hace poco han abandonado el espacio y decido participar, de manera poco ortodoxa eso sí; un simple paseo por la zona mientras me dirijo a la carretera.

Un billete de 50 euros está entre la basura. Lo recojo con incredulidad mientras lo agito, lo hago sonar sin creer que es auténtico.

Debería estar acostumbrado, pero siempre me asombra.

Extraña noche de octubre



Ángel Navarro Batista © Abufalia 30/10/2017